lunes, 27 de julio de 2009

Carnavales en Boedo

Las fiestas de carnaval son anteriores al cristianismo, su origen es pagano; se celebran los tres días que preceden al miércoles de ceniza, son puramente populares y consisten en mascaradas, comparsas, bailes y otras ruidosas alegrías.


Nos sorprende encontrar en enciclopedias la definición de algo que tenemos tan asimilado en la memoria y nos trae muchos, gratos recuerdos. También leemos:”Buenos Aires y Montevideo son, quizás, las ciudades más alegres para carnaval, la manera de divertirse es arrojar agua a los transeúntes desde los balcones generándose verdaderas batallas campales”.


Sin embargo el teatro reflejó la melancolía del carnaval porteño en el sainete “Los disfrazados” de Carlos María Pacheco, filosofando sobre el espejismo de la memoria que siempre mejora el tiempo pasado. Lo indudable es que hubo noches de frenética alegría con las calles invadidas de máscaras, comparsas y murgas de muchachotes zafados para la época.


Y si preguntamos ¿Qué pasaba en nuestro barrio en esos días?


El festejo comenzaba en las primeras horas de la tarde con el juego de agua entre vecinos, solo jugaban los mayores y a baldazo limpio, diversión peligrosa para los chicos por los elementos que se usaban: baldes de zinc, cacerolas y las corridas sobre las veredas mojadas.


Al atardecer aparecían las primeras mascaritas sueltas y las murgas de muchachos con trajes hechos de arpilleras e instrumentos improvisados con cacerolas, latas, pitos y matracas.


Caída la noche todos los vecinos se preparaban para ir al corso, entonces, ¡Boedo era una fiesta!


Toda la avenida desde Independencia hasta San Juan se transformaba en un palco donde las butacas eran las sillas de los numerosos cafés, allí se ubicaba el público para ver desfilar a las comparsas, a los adornados carros de las agrupaciones folklóricas y a los automóviles particulares. Se jugaba con serpentinas, papel picado y pomos con agua perfumada.


Las salas del teatro Boedo y los cines Los Andes y Nilo realizaban concursos de máscaras y comparsas, trabajaban a sala llena y hasta la madrugada, por sus escenarios pasaban las agrupaciones de todos los barrios de Buenos Aires y por tres días detenían el tiempo.


Aquellos carnavales tenían su propio perfume, el de los pomos Bella Porteña, su agradable e inconfundible aroma estaba asociado a estas inolvidables y añoradas fiestas del tiempo pasado.





© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.

Versión para Internet del artículo publicado en Septiembre de 1993


*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

jueves, 9 de julio de 2009

Los hornos de ladrillo en Boedo



Aunque para el imaginario popular Boedo fue barrio de cuchilleros, la verdad es que sus pobladores, lejos de ser diestros con el puñal, lo fueron con la pala, que era la fuente de sus salarios. Boedo estaba salpicado por los hornos de ladrillo.


La foto que ilustra este artículo, nos muestra, justamente, la cocina, de uno de los más famosos, el de Luis Vignole, en Avenida Pavón 3877. La cocina para aquellos obreros era central, allí se reponían las fuerzas con el puchero, la sopa, y las rondas de mate con galleta; que era el menú popular de aquellos tiempos (último cuarto del siglo XIX y comienzos del XX), para todos los días de la semana, con excepción de los jueves y domingos, en que comía guiso de carne con papas.

La peonada libaba los almuerzos con caña, vino y tabaco, que adquirían de un proveedor vecino.
Vignole se había establecido en 1885, cuando Pavón era un camino real, por el que circulaban penosamente los carros y carretas. Tan malo era su estado, que los dueños de los hornos aledaños, le pagaban una cuota al vecino Juan Balestrini (apodado Guanín), para que mantuviera transitable la huella pantanosa.


Además del horno de Vignale, fueron famosos el del vasco Anchón, el de Martín María, el del tuerto Morini, el de Perotti, el de Copatti. Los de Mazola y Estevarena, que fueron los últimos en desaparecer y se hallaban ubicados en Av. Asamblea entre Emilio Mitre y Cuarapaligüe, frente a los “terrenos de la pólvora”, hoy Parque Chacabuco.


La cocina de la foto existió, con seguridad, al menos hasta entrada la década de 1950, sobre un terreno de dos metros de alto sobre el nivel de la calzada, en las que por entonces se conocían como “las lomas de Flores”


Las primeras casas del barrio, que modestos propietarios edificaron sobre los terrenos comprados a mensualidades en los loteos de las viejas quintas de de verdura y montes de fruta, fueron levantadas con los ladrillos de esos hornos.



Documentos:

Solicitudes presentadas a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, para la instalación de hornos de ladrillos en Boedo.


1) 3 de diciembre de 1880. Joaquín Balda pide instalar un horno de ladrillo en el terreno sito en calle Venezuela y Boedo, en la Quinta conocida como “la de Arroyo”. La segunda hoja da una descripción muy interesante del paraje.






2) 25 de junio de 1881. Eduardo Cerviño pide instalar un horno de ladrillo en un terreno de su propiedad, en la calle México, en su cruce con Boedo (aprox), a cuadras al Oeste del Tren de la basura.



3) 25 de febrero de 1881. Ezequiel Gorchitorena, pide instalar un horno de ladrillo en Carlos Calvo (Entonces llamada Europa) y Maza.









4) 11 de abril de 1881. Domingo García, pide instalar horno para fabricar ladrillos en Avenida Pavón y Boedo.





5) 15 junio de 1882. Andrés Maggi, pide instalar un horno en la calle Europa ( Hoy Carlos Calvo) en la que fuera la Quinta de Cuitiño.







Plano 1892 Ampliación Zona Boedo.


En la parte inferior en linea punteada se observa parte del recorrido del tren de la basura.
Calle señalada como:



Artes y Oficios: actual Quintino Bocayuva.
Bayona: actual Yapeyú
Europa: actual Carlos Calvo
Comercio: actual Humberto Primo




© Ana M. di Cesare


Versión para Internet, resumen de artículo publicado en Revista Opus Tango
Queda prohibida la reproducción parcial o total de este trabajo, sin mi respectiva autorización por escrito.
Las fuentes documentales y bibliográficas pueden solicitarse al correo del blog

Los documentos ampliados pueden verse desde:
http://porteniadas.blogspot.com/2009/07/los-hornos-de-ladrillo-en-boedo.html

jueves, 18 de junio de 2009

Boedo en la cultura: Teatro

En el barrio de Boedo se dio una situación inigualada en lo que respecta a la magnitud de artistas que produjo, a la difusión que gozaron y, al interés que en ella ponían los boedenses. Así ocurrió con las letras, la escultura y especialmente con el teatro.


Fue paradójico que un barrio obrero del confín ofreciese esta situación. Sin embargo en el seno mismo de esta aparente contradicción está la clave.


El teatro, en ese suburbio porteño, fue engranaje fundamental de su dinámica; enclave anarquista por excelencia, luego socialista, contó con una masa proletaria que fiel a su ideario, sostuvo la difusión de la cultura como medio de superación. Fue así un arte de libertarios comprometido con sus propósitos el que inicia la gran bola de nieve, por la cual las salas de ese rincón del sur estuvieron cabeza a cabeza con las que ofrecían representaciones en el centro capitalino: en cuanto a la calidad de los elencos y al número de puestas en escena.

Sabemos que entre 1910 y 1940, Boedo tuvo un momento de esplendor concentrándose la producción en dos autores: José González Castillo y Florencio Sánchez (1), los cuales daban a luz un teatro que hoy llamaríamos testimonial. González Castillo tuvo la primera compañía porteña en cooperativa y su gloria acrecentó tanto la importancia del barrio que en 1921, cuando un incidente fractura la " sociedad de actores ", la compañía que actuaba en el teatro " Opera " pasa al " Teatro Boedo".

Justamente este teatro se conoció como la " catedral del género chico " (2)


Su origen fue muy curioso; un catalán llamado Jaime Cullen, luego de muchos años de trabajo, reunió el dinero suficiente para levantar una casa de rentas. Pero observando que los boedenses carecían de una sala teatral de importancia, en 1905, mientras los vecinos lo tildaban de loco, demolió el edificio para construir lo que luego sería el glorioso Teatro Boedo ( Av. Boedo 949/ 959). Y en ese teatro alejado de la seguridad del centro, se reunirían cada noche, después de las funciones: Alberto Vaccarezza, Carlos M. Pacheco, Eugenio Gerardo López, Pedro E. Pico, Julio Sánchez Gardel, José Antonio Saldías.

El 21 de julio de 1918, la Compañía de Luis Arata – Brieva , estrenó allí " El tío soltero " de R. Hicken. Siendo así el primer elenco orgánico que dio brillo al género chico. Luego se irían dando cita las compañías de Pedro Zanetta con Samuel Sanda, Felipe Panigazzi, Humberto Zuro, Gregorio Cicarelli, Antonio Daglio, Pedro Pompilio. En cuanto a los actores que allí trabajaron, entre otros María Ester Gamas, Marcelo Ruggero, Félix Mutarelli, Malvina Pastorino, Daniel de Alvarado, Anita Lasalle, Mario Danesi, Juan Bono, Pepe Arias, Juan Daglio, Camila Quiroga, Cesar Ratti, Eva Franco, Mario Fortuna, Osvaldo Miranda, Antonio Cunill Cabanilla, Cármen Vallejo, María Luisa Robledo, Roberto Firpo, Pedro Aleandro, Hector Vozzo, Susy Derqui y Leonor Rinaldi , entre otros .

Obviamente éste no fue el primer teatro del barrio. En Av. Boedo entre Estados Unidos y San Ignacio, en 1901, vio la luz una sala de espectáculos que inició sus actividades con el debut de la compañía española de "Garrido".

En el " Teatro América ", sala plana, sin palcos (Avenida Boedo 819), incursionaron grandes compañías nacionales y extranjeras: la española de Zarzuelas de Garrido, la de Cortés, Carlitos Romeu, Las hermanas Falcón, Felipe Panigazzi, Laurita Hernández con Benito Ronco. Contaba Silvestre Otazú, que en ese teatro, estos últimos actores representaron una revista " Lo más serio es reír ", que simbolizaba la disputa entre " Boedo y Florida ". Lo que marca el nivel del público boedense; barrio donde se había hecho carne a nivel popular una disputa de índole filosófica-literaria . En esa puesta en escena, "Boedo" aparecía representado por un malevo que para encender un cigarrillo, torcía un farol de la calle y "Florida" como un muchacho muy atildado. Ambos suspiraban por el amor de la misma milonguita. La obra terminaba con un disloque general, cuando los actores gritaban "inundación", " Inundación ", en referencia a un problema que aquejaba dramáticamente a esas zonas sureñas de Buenos Aires y que Manzi dejara reflejado también, en su tango " Sur ".

En el solar donde hasta mediados de la década de 1990 estuvo el edificio del cine-teatro "Nilo " (Av. Boedo 1062) (3), había un local de verano, en el cual actuaron elencos nacionales, españoles e italianos, conocido como el "Politeama Doria" . Uno podría pensar que ese terreno estaba destinado al espectáculo, ya que con anterioridad había funcionado allí un circo homónimo, donde se efectuaba lucha grecorromana , que estaba muy de moda . Allí actuó el famoso Luis Gualtieri, que fuera campeón argentino y, que viviera en Agrelo y Maza. Alternaban las luchas con las representaciones de la "Compañía de comedias y sainetes Podestá-Scuri-Mariño".

Era época de circos. La gente ansiaba entretenerse, Buenos Aires, se llenaba de pistas de patinaje, de calesitas, de juegos mecánicos, de escenarios en los que hacían piruetas acróbatas, en los que se veía a un oso bailar, o donde hombres corpulentos entraban en combate. En cualquier lugar espacioso se instalaba uno. Estos circos, fueron la puerta por la cual ingresaron a escena, los pioneros que construirían el gran teatro nacional.

Sabemos por la documentación de primera mano que hemos consultado, que en 1886, Américo Durán, consiguió el permiso de la Intendencia para el establecimiento de un circo que ya venía funcionando en " La Rioja 843 "; conocido como "Arenas", donde actuaba una Compañía acrobática y gimnástica.

En Venezuela y Maza existió hasta fines del 1800, un teatrito de títeres, que luego se convirtiera en el "Teatro-circo de Juan Bautista Chiappe" , cuya dirección llevaba Rafael Angel Comunale. Muchas piezas musicales se estrenaron allí entre ellas, la conocida "Loca de amor", que fue en su época, popularísima .

En Boedo entre Independencia y Estados Unidos, supo estar el "Circo Anselmi". En Av. Boedo y Cochabamba el circo de los "Hermanos Gómez ". Y por 1920 El "Circo internacional " en Marmol entre Estados Unidos y Carlos Calvo.

Corría el año 1917, cuando a este barrio lo transitaban una suma de jóvenes con distintas inquietudes, que se reunían en los cafés, verdaderos ateneos, a escuchar a los maestros, a nutrirse de ellos, a exponer inquietudes, a competir por quien había leído más. Los artistas se mezclaban con obreros de avansada; y como decía el dramaturgo "José Scarano," esas discusiones muchas veces continuaban en el "cuadro tercero del Departamento de Policía ". Boedo era un volcán en permanente erupción, que despedía de sus entrañas hombres nuevos: pensadores, artistas, individuos de acción; en calidad y cantidad inusitadas. Era un polo que atraía a multitudes desde distintos puntos de la ciudad; librepensadores, jóvenes que buscaban una verdad, y la encontraban en los cafés que despedían por sus ventanales la claridad de la dialéctica, y la fe en el género humano, sobre las cuadras grises de Boedo. Fue aquella una época irrepetible... Los había músicos, poetas, pintores, escultores y actores. Entre estos últimos se destacaba uno: alto, bien plantado, cuyo rostro transmitía su fuego interior .

Comenzó actuando en ese Politeama Doria, que era un galpón de techo de chapa y pisos de tierra, pero que apuntaba bien alto en la calidad de lo que allí se representaba y que dirigía nada menos que José González Castillo .

"Pedro Zanetta", que así se llamaba ese muchacho, luego de descubrir el teatro ya nunca abandonó ni esa vocación, ni el barrio, ni una especial ética aplicada a la estética del arte en coherencia con sus ideales anarquistas .

Fue el más grande y querido de los actores de Boedo. Sus condiciones artísticas eran tales, que en apenas cinco años llegó a ser cabeza de compañía en el teatro Boedo, junto a Pedro Pompilio, Pepito Petray, Rosario Serrano, Francisco Chiarmello. Durante casi dos décadas fue la estrella que brilló en el escenario del teatro Boedo, quien solo interrumpía sus temporadas durante las fiestas de carnaval, pues en esas jornadas el teatro se dedicaba al concurso de las comparsas. Hasta que un mal día el empresario Jaime Cullen, pretendió imponerle a Zanetta que representara una obra que acababa de escribir : "Viaje de los hombres de la Luna a la Tierra". Don Pedro luego de leerla se negó, Cullen insistió argumentando que al fin y al cabo era el dueño de la sala y, palabra va palabra viene, terminó echando al actor.

Un colega tomó su lugar y puesta la obra en escena, al segundo día hubo que sacarla de cartel; dicen que en Boedo jamás se conoció abucheo semejante.

Los vecinos mientras tanto ya habían formado un comité pro-retorno de Zanetta a esa sala; pero la terquedad del empresario pudo más.

Esto marcó el principio del fin de este ilustre intérprete. Habían sido para él muchas horas trajinando las tablas del "Boedo ", como para que el cambio no produjera heridas en su ánimo.


Pasó al Teatro América, pero el trato usurario de su dueño, hizo que solo durara tres meses allí. Actuó en el "Politeama" y en el " Nacional de Comedias", y fue contratado por "Lumiton" para hacer cine, pero no se adaptó; porque este hombre apuesto, muy envidiado por sus éxitos amorosos, extrañaba su gran amor: el barrio y a él volvió rehusando mejor pasar y fama.

Se dedicó a dirigir un grupo de jóvenes de la "Octava Socialista" y fundaron el "Teatro Experimental Florencio Sánchez " en Sánchez de Loria 1194 . Zanetta seguía inquebrantable en sus convicciones, pero con la salud deteriorada.

Su elección había sido dura. El amor a la barriada le restó el reconocimiento merecido que si lograron aquellos que decidieron alejarse la "patria chica", como las "hermanas Ada y Adelma Falcón" , "Enrique García Satur", "Pedro Tocci", "Francisco Chiarmello", "Laurita Hernández" ; incluso una cupletista que hacia 1920 cantaba en Boedo como "Petit Imperio" y se haría célebre en España como "Imperio Argentina".

Él vivía en la miseria en un altillo de la calle Cochabamba y Sánchez de Loria, casi no comía... Su dignidad lo llevaba a rechazar los consejos de amigos fieles como el actor Pedro Tocci o el Dr. Lauro Tidone, quien recomendaba una larga internación en el Hospital Ramos Mejía. Zanetta no quiso cumplirla, deteriorando más su salud. En 1949 volvió a ser internado y, sintiendo que la vida lo abandonaba le dijo a Tocci que ya que no tenía casa propia para morir, lo condujera a la ciudad de La Plata, para hacerlo en la casa de su hermano. Tocci no dudó en complacer a su amigo; pero necesitaba un vehículo, contrató el auto de una empresa fúnebre, se preocupó en disimularlo de tal manera de no impresionar a Zanetta, quien viajó hasta el destino elegido, convencido de que el chofer era un amigo de Tocci.

Antes de iniciar este viaje, que sería el último, todos los muchachos del "Florencio Sánchez" fueron a despedirlo a la salida del hospital y sería en su teatro donde lo velarían días más tarde, mientras todo el comercio del barrio cerraba sus puertas, en señal de duelo. Su barriada no lo olvidaba, reconociendo que él junto a González Castillo eran los que más habían hecho por el teatro en Boedo. Prueba de ello fue que pocos meses antes de su muerte, en noviembre de 1949, se realizó una función a beneficio en el teatro Boedo, representado " El puñal de los troveros " de Belisario Roldán, donde actuaron Iris Marga y Enrique Muiño.

Finalizada la función, la actriz lo visitó en su humilde pieza.

- La esperaba – dijo Zanetta – Necesitaba ese rayo de luz que Ud. me trae.-

Ya que hablamos de Pedro Tocci, diremos que fue un boedense que ingresó al "Colegio Carlos Pellegrini". Todo anduvo bien hasta que una vez la división fue a ver una obra de uno de los profesores de la escuela; al día siguiente los alumnos homenajearon espontáneamente al autor, Tocci fue el encargado de dirigir la palabra haciendo tal panegírico del arte escénico que su profesor le indicó que dejara el estudio comercial y se dedicara al teatro. Así lo hizo iniciándose con Angelina Pagano, Luis Arata y Blanca Podestá.

Otros actores de relevancia en Boedo fueron Enrique García Satur (4) y Mario Fortuna, Francisco Chiarmello, Hugo Díaz, Guillermo Battaglia.

Desde los orígenes en el teatro de Boedo, se destacó el quehacer independiente, que tuvo como función formar actores capaces de ofrecer al público espectáculos de alta calidad a precios accesibles. A la cabeza de estos pioneros, tenemos a González Castillo.

El teatro independiente tuvo una actitud contestataria y en Boedo brilló el "Florencio Sánchez" . La historia comenzó cuando J. Oriente Cavalieri, en 1940, interesó a un grupo de amigos en conseguir otro local para la sede socialista del barrio; la elección recayó en la legendaria casa de Sánchez de Loria 1194, desde siempre relacionada con los movimientos sindicales, políticos y artísticos. Su sótano había sido alternativamente sede de la Federación Obrera del calzado; de los carpinteros, de los lavadores. Entre 1920 y 1923 sesionó el grupo de anarquistas españoles e italiano "Espartacus" , por allí pasaban los famosos Di Giovanni y Scarfó, que fueran fusilados por el gobierno de Uriburu. Para 1926 se reunían los antorchistas, llamados así por seguir las directivas del periódico "La Antorcha" de Rodolfo González Pacheco. Funcionó el grupo proletario "Arte y natura", cuyo repertorio estaba integrado únicamente por obras de autores anarquistas.

Una vez en Loria, tuvieron lugar para Biblioteca, sala de conferencias y para un teatro que pusieron en marcha: Cavalieri junto a Isaías Borestein ( Boris), Mario Rozas, Amadeo Palermo, Juan Literas, Jorge Vizcaíno, Vicente Rocco, Pascual y Luis di Cesare y obviamente Zanetta.


Recordemos que ese teatro fue cuna entre otros del escenógrafo Saulo Benavente, de los actores Carlos Muñoz y Onofre Lovero. Destacamos que Zanetta, antes de morir donó su biblioteca y toda su ropa escénica a este grupo, todo lo cual se perdió cuando la casa se incendió no hace tantos años. Luego de la dirección de Zanetta, estuvieron al frente : Arturo Frezzia, Pablo Palant, Pedro B. Franco, Onofre Lovero, Rubén Pesce.

Es imposible hablar del Tema del teatro y del alma de ese barrio, sin detenerse debidamente en el dramaturgo José González Castillo, quien fuera el gran luchador por la cultura de ese punto sur de la Capital. Había nacido en la Santa Fe en 1885 y, si bien realizó sus estudios primarios en Boedo; luego, su familia que deseaba convertirlo en sacerdote, lo ingresó en un Seminario de Salta, el que por supuesto abandonó.

Volvió desde allí pidiendo albergue en los establecimientos del camino; reuniendo alguna monedas para sobrevivir, pintando letreros exteriores en los negocios. En Rosario puesto a hacer periodismo, trabó amistad con Florencio Sánchez.

Comenzó a estudiar medicina, pero distintos apremios económicos lo hicieron abandonar esa carrera. La familia de Castillo estaba verdaderamente preocupada por el porvenir de ese hijo, entendían que las letras eran muy bonitas, pero que con ellas no se comía. Así que lo ubicaron a trabajar en "la peluquería del Negro Ricardo" , en Independencia y Boedo. En ese local, al cerrarse las puertas, se reunían los payadores de Boedo: Curlando, Castro y otros, para celebraban sus concursos.

Alberto Cortazzo, periodista y antiguo vecino de Boedo, comentaba que González Castillo llegó a tener una peluquería en sociedad con un salteño en Castro Barros entre México e Independencia, negocio al que habían puesto el nombre de "El Figaro". Mientras su socio atendía la clientela, Castillo aparecía a altas horas de la noche, acompañado de los mendigos que encontraba durmiendo en las calles, para que pernoctaran en alguna de las muchas habitaciones desocupadas que tenía la casa. Había hecho del local un sitio de reunión, congregando a discípulos de las distintas ramas del arte. El salteño, obviamente, se quejó a la familia de Castillo y éste ofendido renunció a la propiedad del negocio.

Desempeñó numerosos oficios, entre ellos el de "Oficial de Justicia". El primer deber en éste trabajo, fue el desalojo de unos inquilinos de un conventillo. Fue a cumplir con su obligación, llevando en el bolsillo los cinco pesos que le habían dado para viáticos. Se encontró con un cuadro pavoroso, una mujer enferma cuyo marido desocupado no estaba en casa. Los vecinos lo miraban con desprecio.

Entonces González Castillo propuso :

- Yo tengo estos cinco pesos, los pongo para hacer una colecta y pagar la deuda que esta mujer tiene.- Se fue y renunció a un trabajo que nada tenía que ver con lo que él era.

Entre 1910 y 1914, por razones políticas tuvo que abandonar nuestro país y vivió en Valparaíso. Trabajó como vendedor de vinos para una firma inglesa y se vio obligado a aprender el inglés, que luego le resultó sumamente útil. Mientras tanto trabajó como periodista de un importante diario de un senador, quien presentó e hizo aprobar varias leyes que fueron concebidas y aconsejadas por nuestro compatriota. Además, en medio de su pobreza, se desempeñó como barman, en las afueras de Santiago, oficio del que sabía absolutamente nada. Hacía las mezclas sin ton si son, pero gustaban y pedían las repitiera, cosa que no podía realizar.

De regreso a Buenos Aires, se instaló en San Juan y Quintino Bocayuva. Trabajando como periodista de "Crítica" y como traductor de películas en la "Casa Max Glucksmann". Para ese entonces ya tenía sus tres hijos: Cátulo, nacido en 1901, Hugo y Gema. Con respecto al mayor, existe una anécdota muy graciosa con respecto al nombre; al nacer, Castillo quiso llamarlo "Descanso dominical", de acuerdo a una ley por sancionarse. A lo cual se opuso terminantemente el empleado de Registro Civil; se armó una gran tremolina y un amigo pacificador, propuso el nombre de Ovidio Catulo ( obsérvese que va sin acento ).

La producción de González Castillo es inmensa. Escribió dramas, tragicomedias, zarzuelas, cuentos para niños, monólogos, traducciones, letras de tango, artículos periodísticos. Firmaba a veces como Martín Gla. Llegó a ser junto a Florencio Sánchez un autor de primer nivel y muy popular. La diferencia entre ambos estriba que en mientras en Sánchez hay una mayor fuerza política y una profunda desesperanza, en Castillo hay más fe en el ser humano y se valoriza el amor como luz en el futuro.

Las obras de este autor fueron de auténtica vanguardia. Tenía un corte realista. Hacía una descripción objetiva de la sociedad y poseía un estilo sencillo, de pinceladas recias, con el que llegaba al alma del pueblo. Durante sus treinta años de intensa labor, renegó del arte por el arte mismo, fue consecuente con su creación y valeroso para defenderla. Citaremos entre ellas:"Los invertidos". Se estrenó en 1914. Por su temática sobre la homosexualidad, llegó a ser prohibida por la Municipalidad para evitar escándalos. Es interesante comentar que en 1926 la repone la Compañía de Enrique Orellano en el "Smart" y en 1956 la Compañía de Homero Cárpena. Fue una y otra vez silenciada, hasta que hace relativamente poco tiempo, se la puso en escena en el Teatro San Martín, donde fue un éxito.

"La mala reputación" . También creó problemas, porque debatía la cuestión del divorcio.

"El pobre hombre". Donde tomó la problemática de las alteraciones psíquicas.

"Los dientes del perro". Donde si bien el tema no es innovador, cuando se iba a representar por primera vez en 1918, Elías Allipi, le sugirió a Castillo que dado que el primer cuadro transcurría en un cabaret, se podría colocar la orquesta en escena y no en el foso, a lo cual el autor accedió.

Habló con Roberto Firpo, y el 18 de marzo al estrenarse la obra en el teatro "Buenos Aires", se cantó por primera vez el tango "Mi noche triste" de Pascual Contursi .

Entre los guiones cinematográficos que escribió, figura en 1908 el de "Juan Moreira", "Nobleza gaucha" y otros.

De las letras de sus tangos baste mencionar "Sobre el pucho", "Grisetta" , "Silvando", "El aguacero", "Organito de la tarde" ( que escribiera junto a su hijo Cátulo ). En cuanto a "Sobre el pucho", vale la pena recordar que en 1922, una fábrica de cigarrillos organiza un concurso de tango. Sebastián Piana, que era un muchachito, escribió una pieza instrumental y se la llevó a Castillo para pedirle su opinión. En ese entonces González Castillo que tenía 37 años y al que llamaban "el abuelo", lo aprueba y sugiere el título, ya que el concurso lo organizaba una fábrica de cigarrillos. Piana ganó el segundo premio, y poco después lo grabaría Carlos Gardel.

Cátulo contaba que su padre tenía aptitudes para todo: dibujo, carpintería, artes gráficas, propaganda. Recordemos que entre sus actividades se cuenta como miembro activo en la fundación de la "Universidad Popular de Boedo"; como así mismo la creación de la "Sociedad de Artistas Plásticos". A propósito de ello comentaba el escultor Vicente Roselli, que los plásticos que querían concretarla, estuvieron 10 años discutiendo como hacerlo. González Castillo en unas horas les hizo los estatutos, dejándola formada. Era un excelente padre que jamás estaba quieto y tenía un carácter alegre. Al morir su esposa se tornó triste. La Avenida Boedo se convirtió en su refugio y no hubo café o bodegón que no conociera su presencia. Pasó sus últimos años entre su casa, los cafés y la Peña Pacha Camac. Murió en su casa en 1937, a los 52 años de edad, mientras tomaba mate.

Cuando se descompuso, se mandó a buscar urgentemente al Dr. Julio Cruciani, que era su amigo, al Hospital Ramos Mejía, donde estaba trabajando. Cruciani salió sin sacarse siquiera el guardapolvo, pero cuando llegó era demasiado tarde. Entre Castillo y Cruciani, había existido una gran amistad. El médico solía ir a buscarlo a su casa de Boedo 1058/60 ( dónde se conserva una placa que identifica el lugar ) y comenzaban a caminar por Boedo hacia el norte. Ambos eran personajes sumamente populares, de modo que a medida que avanzaban se les iba uniendo gente y cuando llegaban a la puerta de la Peña Pacha Camac, formaban una pequeña manifestación.

Con respecto a esta Peña, digamos que se fundó en la terraza del café Biarritz, en 1932. Agrupaba a los artistas del barrio. Su finalidad era difundir las artes. Se levantó con el apoyo económico de vecinos y comerciantes. Allí se hizo teatro, se ofrecieron conciertos, se realizaron exposiciones, todo en forma gratuita.

Funcionó en las terrazas del Biarritz ( Av. Boedo ), hasta que la Municipalidad los conminó a desalojar en 24 horas, para construir el Banco Municipal . Continuó funcionando un tiempo en Carlos Calvo 3621, luego en Loria 1536, que fue su último domicilio, cuando desapareció en 1949.

Fueron conferencistas de la Peña Pacha Camac, entre otros: Roberto Artl, Leónidas Barletta, Roberto Castagnino, Alicia Moreau de Justo, Nicolás Olivari, Alfredo Palacios, José Antonio Saldías, Antonio Sassone, Juan José de Soiza Reilly, Roberto Talice, Alberto Vaccarezza, Iris Marga, Enrique Muiño, Fortunato Lacámera, Domingo Maza, Quinquela Martín, Sepucio Tidone, Miguel Carlos Victorica, Saulo Benavente.

Artl escribió sobre ella, que si a la Peña del Tortoni, iba la burguesía, a la de Boedo, iban los pobres, los inteligentes de ese barrio suburbano. No en vano se vendían más libros allí que en toda la calle Corrientes.

Hoy podemos decir que aunque gran parte de su obra haya pasado de moda, escribió un inmenso capítulo de la historia de la literatura teatral argentina.

En 1933 González Castillo ya se había internado en los problemas de "La ilusión de la realidad", adelantándose a los movimientos de vanguardia que hacia 1950 revolucionarían la escena europea.

El publico boedense había recibido una impronta, que comenzó a diluirse cuando en todo Buenos Aires, la televisión se hizo masiva y cambió las costumbres, produciendo una introversión en las relaciones sociales. Pero si el teatro es dar testimonio, Boedo cumplió la premisa.



NOTAS

(1) Florencio Sánchez no era vecino del barrio de Boedo, pero iba casi todas las tardes, desde la pieza donde vivía en Av.Jujuy al 900, para encontrarse con la que luego sería su esposa: Catalina Raventos de Sánchez. La familia de la muchacha, que se domiciliaba a solo dos cuadras del dramaturgo, se oponía a la relación, por lo cual ella fingía visitar a unas amigas que vivían en México y Yapeyú, lugar de la cita de los enamorados.

(2) Piezas teatrales de no más de una hora de duración, lo que permitía organizar varias funciones, hasta 6 por día. Comprendía el sainete, la revista y el vaudeville.

(3) El Cine- teatro Nilo, fue el más elegante de Boedo . Cuando dejó de desempeñarse como teatro, funcionó allí una sala de baile y el Hogar Croata. Desde 1995, no existe más, se lo convirtió en un supermercado de artículos electrodomésticos. Las leyes tienen así dos deudas con el barrio de Boedo, ya que donde se demuele un teatro, hay que levantar otro. No pasó con El Nilo, ni con el Boedo, que en la actualidad es un garage.

(4) Enrique García Satur, se había criado en un inquilinato de la cortada Guandacol ,( hoy Pedro Bidegaín ), y 33 Orientales. Su verdadero nombre era Saturnino García. Hoy, todavía , amigos de su infancia, sobrevivientes a los cambios que sufriera Boedo, lo recuerdan en su trabajo como cartero, manteniendo a su familia de origen.

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.

Versión para Internet del artículo publicado en Enero de 1995



*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

miércoles, 22 de abril de 2009

Cuando Boedo perdió 3 plazas

“En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.

El proyecto de un “Buenos Aires verde” quedó archivado entre siete planos.
Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.

Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica". Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.

Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento. Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres. Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:

I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión".
Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.

II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.

IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.

IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura.

Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor. En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.

Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.

EL PROYECTO EN BOEDO

Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:
1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.

2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.

3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.

4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.

5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.

6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.

7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil

Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.

Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.

La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles

© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

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La biblioteca decana de la ciudad de Buenos Aires

Los vecinos de Boedo hemos tenido muchos importantes motivos para enorgullecernos: poetas,
escritores, hombres de genio, teatros, cines, una Universidad Popular, Peñas Artísticas.
De tantos que ayer fueron, subsiste la Biblioteca Cané, en Carlos Calvo 4321.

Muchos de nosotros -los que escribimos esta nota y quienes la leen- estamos habituados a acercarnos a ella, observamos que los concurrentes no son sólo de la barriada boedense. La biblioteca Cané centraliza a lectores que llegan desde la Provincia de Buenos Aires; muchos de ellos se lamentan de no ser vecinos de la ciudad porteña, pues eso les permitiría asociarse a la Biblioteca Circulante, tal es el prestigio que posee.

Aunque haya perdido el esplendor edilicio de otras épocas, nuestra biblioteca nació vigorosa y, su actual vigencia surge de la fuerza de su obra que la constituye en un centro del saber irreemplazable en la ciudad de Buenos Aires.
Esto se refleja en las recordadas palabras con que el Intendente Mariano de Vedia y Mitre inauguró su actual emplazamiento el 6 de diciembre de 1935: “Por eso una biblioteca pública es algo más que un instrumento de cultura. Es efectivamente una manifestación de solidaridad, de la cooperación social y, en ese sentido constituye para el estado, llámese Nación, Provincia o Municipalidad, el cumplimiento del deber, y del deber hoy indeclinable” (sic)

Sus orígenes se remontan al 25 de junio de 1926, cuando se ordenó la instalación de Bibliotecas Municipales en los barrios industriales, siendo la primera en establecerse, la que fuera bautizada con el nombre de “Miguel Cané”, en Independencia 3899.

El aumento en la afluencia de público obligó a que la biblioteca se mudara a su actual sede, en la fecha antes señalada. A partir de allí y por algunos años vivió sus mejores momentos; testimonio de ello eran los servicios que prestaba a los lectores en las instalaciones que poseía.
En aquella época se puso especial cuidado en lograr que fuera moderna en materia de luz, ventilación y atención para los 600 concurrentes diarios que las estadísticas indicaban (por la ficha que integra cada lector, se sabe que en una jornada excepcional, se registraron 1006).
InstalacionesEn la planta baja, se encontraba el salón de lectura, donde cada lector disponía de un escritorio con luz local y un accesorio que adecuaba la inclinación del libro; los ruidos del tránsito exterior habían sido reducidos con caminos de goma. También ocupaba dicha planta la primera hemeroteca fundada en Hispanoamérica, que recibía diarios y revistas de todo el mundo, con temas referidos a todas las ramas del saber y del quehacer humanos; estas publicaciones permanecían largo tiempo a disposición del público, coleccionándose luego las más representativas de cada país.
En pocos segundos, el amplio salón de lectura se podía transformar en sala de actos públicos, con características de acuerdo a las circunstancias; tenía un escenario movible que se ampliaba o reducía de acuerdo a las necesidades, donde se ofrecían representaciones teatrales, proyecciones cinematográficas, conciertos musicales y conferencias. La cuarta dependencia allí instalada, era la oficina de informes, que proporcionaba al público, todo tipo de datos sobre servicios públicos del país y del extranjero.
En la planta alta, alejada de todo ruido, funcionaba una sala destinada a investigadores, que podían trabajar en la biblioteca como si fuera propia. Para 1936 se proyectaba una sala exclusiva para las investigaciones de historia nacional, como así también una conforoteca, donde se reunirían todas las conferencias realizadas en el país. En el mismo piso estaba la biblioteca circulante, que contaba en aquel momento, con 5000 volúmenes que se esperaba triplicar en un año; el movimiento de libros rondaba los 35 a 50 por día. La Dirección de Administración de la Biblioteca, junto a la Comisión Nacional de Bibliotecas ocupaban también el piso alto.
Finalmente en el subsuelo funcionaba la biblioteca infantil.ServiciosHoy resultan curiosos, aspectos y actividades que realizaba la Biblioteca Cané en aquellos años.
En las vidrieras, a la calle, se exponían las novedades recibidas.
Había una sala de reparaciones, donde se arreglaban y desinfectaban los libros cada vez que habían sido usados.
Personal especializado traducía los títulos de los impresos que llegaban del exterior, pero si algún lector lo solicitaba se realizaba la traducción total del texto.
La Biblioteca aceptaba donaciones por mínimas que fueran, las retiraba del domicilio del donante, quien solo con un llamado telefónico concretaba el trámite.
También aceptaba libros en depósito que eran devueltos en perfecto estado de conservación cuando los reclamaba su dueño, no obstante haber sido utilizados por el público. Este servicio era promocionado por la biblioteca.
Todo informe podía reclamarse telefónicamente o por correspondencia, en idioma castellano, alemán, francés, italiano, inglés y portugués. Aún sobre la circulación de medios de transporte de la ciudad.
En 1953, en su cede se fundó la Primera Biblioteca Municipal para ciegos, en la convicción de que las bibliotecas Municipales, debían abarcar a todos los sectores de la población.
Hoy han desaparecido la hemeroteca, la sala de conferencias, la sala de investigadores, los pisos de goma, los dispositivos de comodidad de la sala de lectura; pero la Biblioteca Cané, sigue en pie, manteniendo sus dos condiciones esenciales: una importante colección bibliográfica y la esmerada atención de un personal calificado. Como ya hemos dicho, su fama ha trascendido los límites del ejido capitalino, y, para los porteños es la decana de las bibliotecas municipales, para el barrio de Boedo un orgullo tenerla dentro de sus tesoros culturales.
Nuestra permanente concurrencia al lugar para el desarrollo de nuestra tarea, nos convirtió en testigos circunstanciales del tremendo deterioro que la acción del tiempo produjo en el edificio. La Biblioteca estaba injustamente postergada, sufría carencias severísimas, en lo edilicio y estructural. Venía de un período de olvidos, situación que originó la serie de artículos que sobre ella escribimos, a partir de enero de 1993, solidarizándonos y, recordando a vecinos y autoridades municipales, lo que la “Miguel Cané” había significado en la historia y cultura de nuestra ciudad.

A pesar de los problemas, continuaba viva, nos contaba quien era entonces la Jefa de división a cargo de la Biblioteca, Sra. Roselba Martínez de Mac Lean, como la institución continuaba realizando tareas que iban más allá de la mera lectura.

En 1990 cuando Salas era Director de bibliotecas, y Antonio Requeni, padrino de la Migue Cané, se dictaron conferencias, se celebró por primera vez el “día del poeta”; se participó en el programa radial ”Che Buenos Aires”; se recibieron obras de concursos de cuento y poesía. En 1991, también se recibieron obras para el concurso de poesía organizado por la Dirección de Bibliotecas.

En el 93 funcionó la “Hora del Cuento”, donde niños de tres a diez años participaron dramatizando situaciones emanadas de las lecturas, coordinados por un especialista.

También se desarrolló una serie de conferencias sobre “la nueva forma de generar empleo”, dirigidas a adolescentes y público en general, cuya idea partió de la coyuntura socio-económica, que la Argentina vivía en aquellos días.

En 1992 la Biblioteca recibió un promedio diario de 70 a 80 lectores y se solicitaron unos 10 préstamos domiciliarios.

La atención se extendía a los tres niveles estudiantiles, incluyendo la biblioteca infantil para los más pequeños.

A su población general se agregan los investigadores que trabajan, por ejemplo, en sus tesis doctorales; personas muy ancianas que se vuelcan a la narrativa y viejos profesionales que estudiaron en su ámbito y pasan hoy a visitarla con afecto.

Para quienes la frecuentábamos en búsqueda de obras eruditas y específicas, era común asombrarnos ante los hallazgos. Obras de valor indiscutible, que el personal se preocupaba de poner a nuestra disposición con diligencia y actitud profesional.

De su colección bibliográfica se contaban entonces 45.000 títulos. Por su antigüedad son dignos de destacar, “Della eloquenza italiana” de Giusto Fontanini, editado en 1736; “Saggi di disertazioni accademiche” impreso en 1742.

Por otra parte, colecciones de gran calidad en historia del arte, literatura universal, letras argentinas e historia natural.

El nivel de preparación del personal, en aquellos días negros de su historia, era elevado, desde egresados de la carrera de Bibliotecología, estudiantes de la misma y de otras disciplinas universitarias. Recursos humanos, que a pesar de las dificultades estaba siempre pronto a multiplicar los auxilios para satisfacer las demandas.

Elogiábamos a todos, en aquellos días, sintetizándolos en la Srta. Susana Carp, quien siempre puso su erudición a nuestro servicio.Afortunadamente, en los años que siguieron, la biblioteca fue rescatada del olvido y, si bien no regresó a sus tiempos gloriosos, ha recuperado al menos los recursos para operar dignamente, con confort. Hoy, los talleres, las representaciones teatrales, conferencias, etc., se ofrecen, sobre una estructura edilicia adecuada y no en medio de las inundaciones, como ocurría. Nos ha tocado ver en los noventa, como había que correr apresuradamente los libros de lugar para que no los sepultara el agua.

Hay que reconocer al lector, al vecino, el reclamo que hizo posible ese cambio.
Un empelado de lujo: Entre 1937 y 1946, formó parte del personal, el escritor Jorge Luis Borges. En ese tiempo escribió: “La biblioteca de Babel”, “La lotería de Babilonia”, “La muerte y la brújula”, “Las ruinas circulares”, “Pierre Menard, autor del Quijote”, “Tiön Uqbar Orbis Tertius”. “El jardín de los senderos que se bifurcan”, “Ficciones”. De la misma época son: “antología de la poesía argentina” firmado junto a Bioy Casares y Silvina Ocampo y, notas que aparecieron en las revistas “el Hogar” y “Sur”.

En el anecdotario de la Biblioteca Cané, encontramos el escritorio y el tintero, que según los dichos fueron los usados por Borges, para escribir esa obras. Pero además, como se ayudó en los noventa, a un descendiente del Sargento Cabral a componer la biografía de su antepasado. Que en la década del 60 funcionó en el sótano el “Teatro libre del Oeste”; que en 1964, estuvo Sergio de Cecco con sus títeres.

En Mayo de 1990, Carlos Saura visitó el lugar buscando ambientación para filmar el cuento “Del Sur”. Un grupo del Centro parisino George Pompidou, atraído por el antiguo prestigio de la biblioteca. Concurrió a visitarla. Así como especialistas estadounidenses de la obra de Borges.
La biblioteca tiene su cede en Carlos Calvo 4321 (1230) Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel: 4922-0202

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Boedo

Yo no vengo a hacerme la partida
Pero digo que vengo del Boedo legendario
Julián Centeya

“Mis orígenes están en las cuatro esquinas en cruz de Boedo y Chiclana”
Percibimos como un eco la voz cascada, el fraseo personal, inimitable, mezclado con la calidez de la lunfardía porteña y con la inspiración del poeta que no alardea, sólo enumera lo quimérico de la historia de Boedo.
Desde una geografía humilde, casi campera, de casas bajas y patios con malvones, su gente hizo el camino hacia lo que Boedo significó en el desarrollo cultural de Buenos Aires.

Comienza nombrando como a una amiga a “La Balear”, sociedad de socorros mutuos, fundada a principios de siglo por inmigrantes españoles, cuya arquitectura realza, como telón de fondo, la magia de la cortada San Ignacio que en el cruce con Boedo, prestó su esquina para la arenga y el debate de los políticos de entonces y , también a aquellos predicadores del Ejército de Salvación, que enfundados en grises uniformes, reclamaban con sus himnos, paz y solidaridad.

Allí nomás, cruzando a la acera sudeste estaba el café Biarritz con mesas en la vereda donde una noche confusa mataron a “la Chancha”, apenas un gigoló de arrabal.

El antológico café El Aeroplano, punto de reunión de varios personajes, como Eufemio Pizarro, indultado por Hipólito Irigoyen en el año 1917 del penal de Ushuaia (años después murió asesinado por estas calles), Homero Manzi, Cátulo Castillo perpetuaron su imagen en una milonga.

El café Dante era por aquellos años, como una sucursal de San Lorenzo (1), allí se vivían los después de los partidos, con luces, aplausos y discusiones acaloradas, mientras por la ancha y empedrada calle los tranvías salían chirriando de la estación, para recorrer la piel de Buenos Aires, que crecía sin pausa, acompañada por una galería de escritores, poetas, pintores, escultores, comparables a notables artistas europeos.

Los modestos habitantes del barrio, podían así, leer sorprendidos y maravillados, pagando solo unas monedas, a los librepensadores del mundo, también al talentoso inmigrante judío, que apoyado por la confianza de un editor lleno de sueños, publica “versos de una furcia”, firmado con el seudónimo Clara Beter, generando fantasías, opiniones y hasta cartas de amor.

Desde aquí brotó la chispa que desembocó en la semana trágica, ensangrentando a una Buenos Aires llena de sorpresas.

Acompañaba esa ebullición un nutrido movimiento teatral, por el que pasaba el drama, la comedia, el sainete que llegaba al escenario del Teatro Boedo, enriqueciendo el tiempo libre de los vecinos.

Luego Boedo se fue poblando de peñas y personajes de café, es una “boulevard amplio de aspecto vivido” por el barrio transitan intelectuales, médicos notables, algún malevo, legendarios anarquistas y locos lindos como Francisco Sabelli, al que llamaban “el loco papa”, compañero de militancia de Homero Manzi y protagonista de innumerables anécdotas.

Barrio de inmigrantes nostálgicos, gente luchadora, soñadores, “melenas de novias” y por sobre todo un “lonjeado cielo”.


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Épicas, cuadreras y pulperías


Los reseros del sur pintaron de cuadreras Buenos Aires. El barrio de de Boedo, tuvo el más afamado “tiro” por Chiclana, desde Loria a Boedo.

Hasta 1920, existió un almacén a cuyos pies se frenaban los galopes.En el cruce de las Avenidas Chiclana con Boedo, donde el barrio de Boedo, comienza a amalgamarse en lo que fuera el Pago del Riachuelo, justo en el ángulo donde hoy funciona un comercio de zapatería, se alzaba hasta 1920 el almacén de Juan Negro.

Allí los jinetes “clavaban” los parejeros que venían galopando sin resuello desde Loria, donde se encontraba la famosa “esquina de los corredores”, que no era otra cosa que una pulpería ubicada en esa calle, entre Chiclana y Rondeau, mirando al este.


Si se corría por Chiclana era por ser esta un zanjón de lecho arenoso que facilitaba el “afirmarse” de los caballos. Para algunos historiadores, esas confrontaciones se desarrollaban desde 1845, lo que nos parece probable, porque se lo denomina “esquina de los corredores”, en el Plano de Sourdeaux, de aproximadamente 1850 y, en un hecho policial de la misma época, que luego narraremos.

Debemos tener en cuenta que la existencia de los Mataderos, primeramente en lo que hoy es Plaza España, y a partir de 1856 en el actual parque de los Patricios, produjo, extramuros de Boedo, un movimiento de gente a caballo proveniente de la campiña, muy diestra en el manejo del cuchillo, que era empleada en estos establecimientos.Estos “cosacos” nuestros tenían sus domingos de esparcimiento en esa diagonal en la que se jugaba dinero, la virilidad, el triunfo y quizás y la vida.

En esas competencias que se desarrollaron hasta casi finalizar el siglo XIX, se unían, curiosamente, emociones primarias entre varones de distintos estratos sociales, se arrimaban los hábiles reseros de Patricios, los obreros del ladrillo de Boedo y los aristócratas de la ciudad, quienes luego poblarían los hipódromos.

Cuadreras se realizaban en muchos de Buenos Aires. Desde 1820, se registraban en: las Avenida Luis María Campos, del Libertador, Montes de Oca, Eva Perón desde Varela al oeste, y en Coronel Roca. Pero ninguna alcanzó la fama de la que nos estamos ocupando, ya que incluso sus carreras se anunciaban en el diario.Llanes comenta un artículo del diario “Sud América”, de fines de 1889, en el cual se informa que ha muerto el último parejero criollo, conocido como el Gaitán de Pérez, desaparecido a los 25 años de edad, luego de haber sido uno de aquellos “pingos” de la “esquina de los corredores”.

Quizás haya competido con “el Nene” de Barracas, “el Dorado” de Palermo, “el Toyito” del corralón de Esteban, “el Tostao” de Caballito, verdaderas estrellas que hicieron de ese rincón de Boedo la pista más famosa de la ciudad.El alguna época la “esquina de los corredores” estaba comprendida en una de las primeras estancias que conocería el “Pago del Riachuelo”; posteriormente, ángulo de la “Chacarita de los Franciscanos”, cuando por allí grandes extensiones de tierra eran de los lima, los Elorriaga, los Pereira, los Lezica y los Gowland.

Años más tarde, cuando ya estaban constituidas importante y conocidas quintas en Boedo, como la de Guedes, Pereira, Alais, Casares, a la esquina la circunscribían tierras de Martín Rodríguez, Aldao, Juan Díaz, Josefa Vidal y otros.
Ese sector no careció de figuras reales que dieron origen a personajes de novela. Hablamos del famoso bandido Juan de la Cruz Cuello, que tenía como uno de sus refugios las tierras de la Chacra de San Francisco (posiblemente limitada por Chiclana, Catamarca, Boedo, Pavón) En el amanecer de 1850 se encontraron los secuaces de Cuello con los baqueanos de don Isidro Silva, juez de paz de Flores, fue una lucha larga y cruenta. Los bandidos tenían a su favor la espesa arboleda que rodeaba la quinta; el delincuente huyó montado en un tordillo que tiempo atrás había robado a Juan Manuel de Rosas. Isidro Silva tuvo que conformarse con capturar a tres prisioneros y rescatar al famoso “Pico Blanco”, parejero del paisano Juan Cremuta.

Ayer, en esa Chiclana arenosa se imponía la habilidad del parejero que su jinete guiaba hacia un meta. Hoy, en el asfalto de Chiclana, apenas el semáforo da vía libre, la “picada” sin destino encuentra su máxima expresión según la cilindrada.





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UNA MANZANA MÁS EN BOEDO


Un todo tamizado por la prensa: quintas y cementerios fantasmas, un reloj de sol del 1700, la víctima de uno de los criminales más conocidos de nuestra historia….

El periodismo, por si acaso, sigue allí de guardia, los historiadores no la perdemos de vista.Hay una manzana de Boedo (la delimitada por las calles: Pavón, Quintino Bocayuva, Tarija, Castro) que sirvió reiteradamente de fuente al periodismo, y mantiene atentos a los historiadores con sus misterios que no cejan.
Hoy, apacible, se ha olvidado de cuanto los periodistas la recorrieron de punta a punta buscando testigos para sus pistas.

Vamos a narrar esta historia desde el hecho más reciente, hasta el más antiguo.Terminaba el año 1912, Buenos Aires es sacudido por el brutal asesinato de un niño de 3 años, Gerardo Giordano, que se comete en los terrenos de la que fuera la quinta de Pancho Moreno [1].

La policía actuó rápidamente; el subcomisario Peire, al frente de la investigación, relacionaba este hecho con otros similares (varios de los cuales acaecieron en un perímetro que tenía a Boedo como eje) hasta que da con el asesino del chico, Cayetano Santos Godino, de 16 años, domiciliado en General Urquiza 1970, tristemente conocido por su alias “ el petiso orejudo”.



Foto: Santos Godino, conocido por su alias: "el Petiso orejudo"


Un mes antes de éste hecho, en un terreno alfalfado de nuestra famosa manzana, con frente a Quintino, personal de la Comisaría 12, encontró semiahorcado a un chiquito de unos dos años, apellidado Russo, víctima también de la grave patología de Godino.

Si bien con posterioridad a la detención y declaratoria del asesino el periodismo comenzó ocuparse de Quintino Bocayuva, entre pavón y Tarija, esa no era la primera vez.En mayo de 1901, la popular revista “Caras y Caretas” publicaba un artículo según el cual se adjudicaba el descubrimiento, en la manzana de marras, de un reloj de sol, que databa del año 1786. Según el periodista, indicaba el lugar donde estaba la quinta del tallista Perey Peregoso. Terreno el de esta manzana que había formado parte de la Chacarita de los Franciscanos.
Años más tarde, en el diario Clarín, del año 1951, Silvestre Otazú escribió una serie de artículos sobre el barrio de Boedo y recordaba este reloj, pero rodeándolo de un cementerio franciscano.

Varios historiadores han tratado el tema.Habría sido tan grato para nosotros desarrollar una relación legendaria en torno a un reloj de sol en medio de un cementerio, o de una orden que no dejó rastros aparentes en el corazón del barrio de Boedo. Pero, en rigor de verdad, debimos atenernos a los datos que brinda la documentación; es cierto que los franciscanos poseyeron una quinta en el siglo XVIII cuyos límites parecen haberse reducido al perímetro comprendido por Catamarca, Pavón, Boedo, Chiclana. Aunque esto parece muy definido, la interpretación de los datos genera opiniones contrarias.

Para algunos la Chacra nació cuando se produjo el arrendamiento de las tierras de la estanzuela de Pedro de Rojas y Acevedo (sabemos que en ella existió la primera capilla de la zona); por otro lado, se la considera emergente de la venta que Doña María Garzón, último descendiente de la familia que poseía esos terrenos desde el siglo XVIII, le hace al convento de San Francisco.

Aceptando una u otra teoría, lo real es que en el siglo XVIII, los franciscanos poseían unos terrenos, en los cuales permitieron afincarse a numerosas familias pobres. Esta generosidad, suscita un problema social, cuando en 1783, la orden le vende sus tierras a Miguel Ramírez.

Si armamos el rompecabezas, encontramos que en la manzana descrita por Caras y Caretas jamás hubo afincamiento franciscano, es más, que el reloj se construyó tres años después de haberse desprendido los religiosos de su chacra. [2]

Llama la atención, que se señale que allí estuvo la quinta del tallista Perey Peregoso, siendo que el dueño de la chacra donde se ubica la manzana se apellidaba Pereyra. Fue éste quien donó la tierra para abrir la cortada que lleva su nombre. Supo tener por vecinos a los herederos de Cuitiño, a Rufino Roig, a Carlos Guedes, a los Riso, a Saturnino González, a los Aldao.

El reloj es, sin duda alguna, un misterio que confiere a esa manzana una característica especial. Lamentablemente fue demolido, quizás al lotearse la tierra, por lo cual es muy difícil establecer el lugar exacto donde estuvo erigido.



______________________


[1] Quinta del Perito Francisco Pascasio Moreno. Estaba limitada por la Avenida Caseros y las calles Deán Funes, Brasil, Catamarca.

[2] Por otra parte, no se comprendería porque la orden religiosa tuviera el enterratorio tan alejada de su Iglesia.


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NOSTALGIAS

  Los 20 meses de pandemia, han cambiado los paisajes por los que una solía andar. Era casi cotidiano, encontrar al chico que paseaba los pe...