domingo, 21 de enero de 2018

ACTORES DE BOEDO - SUS TEATROS

Hubo un Boedo que amó la cultura, donde el teatro fue un fenómeno cultural, particular





COMERCIOS DE BOEDO


De un tiempo que pasó, pero aún permanece en el recuerdo.




sábado, 25 de junio de 2011

Joyas de la arquitectura de Boedo

Este video es el comienzo de un trabajo que realizamos con Margarita Paroli, en el barrio de Boedo.
Es más que el intento de conservación de una arquitectura que cae bajo la picota día a día. Es un reconocimiento a esas calles que tanto queremos y a aquellos constructores italianos, que allá por el 1900, ofrecieron esa belleza, amasada, de seguro, con la nostalgia de un paisaje natal que ya no volverían a ver.

viernes, 26 de noviembre de 2010

¿Reconoce Ud.esta esquina?

Los más memoriosos, o los mayores quizás se alegren al revivirla,
para otros será una incógnita sin solución.



Este aspecto presentaba la esquina Nordeste de Estados Unidos y Boedo en abril de 1942, cuando fue adquirida por el Banco Provincia de Buenos Aires. Esta casa bancaria de acuerdo a la importancia comercial y a la autonomía del barrio, necesitaba ampliar y mejorar el local que poseía en Av. Boedo 845, donde funcionaba su sucursal Nro 6. Por lo cual decidió la compra de las propiedades: Av.Boedo 788/92/96/800 y Estados Unidos 3575 por un valor de $ 210.000.
La operación se cerró por intermedio de la firma inmobiliaria de don DomingoSpinelli.
© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
Versión para Internet de los artículos publicados en diciembre de 1994
La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog

Boedo: Rincones y misterios

De un barrio que cambia vertiginosamente, plasmamos en imágenes
la mágica conjunción del ayer y del hoy



UN CAFÉ:
Fileteados y madera. La esquina Norte de San Ignacio y Boedo, un puerto para los transeúntes



UNA CALLE:
39 SUR. Extraña mezcla de museo, chopp y café. Esquina N.O. de Maza e Inclán



UN PERSONAJE:
La casa de Doña Dominga Bonavena. La mesa en la calle para fin de año y los ravioles del domingo se fueron con ella y Ringo. Esquina NO de Gibson y Treinta y Tres



UNA ESQUINA:
Buena comida, café y literatura... Esquina NE de Las Casas y Muñiz



UNA BARRANCA:
En la hondonada, la Iglesia Evangélica Bautista, Distrito Sur cumplió 100 años allí, el pasado 27 de diciembre. Salcedo donde muere Quintino Bocayuva



UNA PLAZA:
La del Padre Massa. Escondida detrás de Carrefour, sólo la conocen los vecinos inmediatos. Marmol y Salcedo



UN PUESTO DE VENTA DE PESCADO:
El esplendor del mercado pasó, pero María sigue batallando infatigable. Mercado en Quintino Bocayuva 943



UNA CASA:
Donde muere Quintino, aún se alza como si las calles continuaran siendo de tierra. Esquina NE de Salcedo y Quintino



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna
a protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autor
*Este artículo se encuentres.
Versión para Internet de los artículos publicados en mayo de 1995
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domingo, 1 de noviembre de 2009

El Dr. Israel D. Cassano

El Dr. Israel D. Cassano que nació en 1924 en Ranchos, Provincia de Buenos Aires, nos cuenta:



- La primera vez que llegué a Buenos Aires tenía 8 años; en 1935, alrededor de los 11, nos instalamos definitivamente e ingresé al colegio Nº 23 del Consejo Escolar 6º, de Av.Boedo entre Metán y Rondeau. Di examen y entré a 3er grado. En Ranchos no fui al Colegio del Estado, porque estaba a una legua de distancia, en medio del campo; la que me enseñó esos primeros tres años de escuela fue mi tía y madrina. De la primaria en Boedo recuerdo a mi primera maestra la Sra. de Aguado, que además de ser una maestra brillante era una madre para muchos alumnos porque les enseñaba a comportarse en la vida.


- ¿Recuerda el nombre de algunos compañeros?-


-Sí… Sadoz; el Dr. Felix Cavallieri, médico y vecino; Vizeti; Polman, el Dr. Baigún de la famosa inmobiliaria; Birman que también se ocupa de inmuebles; pero aquí en la zona; Del Cueto; Magnole de la fábrica de ventanas.-


- ¿Qué le quedó grabado de esos primeros momentos en Boedo?-


-La sorpresa de toda persona que llega del campo a la ciudad…Los ruidos, las peleas que se suscitaban entre nosotros a la salida de la escuela… En 1939 ingresé al Colegio nacional Bernardino Rivadavia, de Av. San Juan 1535. De aquí tengo muy gratos recuerdos y muchos amigos: El Dr. González Somoza, de Pompeya; el Dr. Sampaolesi, titular de una cátedra de oftalmología; el Dr. Murature. Con ellos estudiábamos juntos.


- ¿Porqué eligió ser médico?-


-Tenía dos vocaciones la astronomía y la medicina. Para hacer astronomía debía ir a Córdoba, carecía de medios y tenía que alejarme de mi familia. Entonces me decidí por la biología que también me gustaba muchísimo. Dentro de la medicina, de entrada me interesó la pediatría que es “el gran amor de mi vida”. A partir del 4to año de la carrera hice las prácticas en el hospital Pena, que consistía en una guardia semanal de 24 horas y un domingo rotativo. Ya en 7mo año, ingresé también como practicante menor a la entonces llamada “Casa Cuna”. Es interesante recordar que el Pena tenía como radio la Quema de basura, que estaba detrás de la cancha de Huracán, desde Alcorta y Luna hasta el Riachuelo. Eran montañas de basura; la habitaban los cirujas, para los cuales, ocasionalmente, los vecinos pedían auxilio. Muchas veces eran enfermedades serias: parasitosis generales, miasis o sea gente con gusanos en las heridas… Estas personas estaban en contacto permanente con la mugre… A mí me tocó calzar botas y meterme en la quema. Recuerdo perfectamente un rancho donde recogimos a un paciente. Cuando era algo grave se los llevaba al hospital y, significaba un problema porque había que sacar todas las parasitosis habidas y por haber en el baño, antes de internarlos.


- ¿Usted llegó a tener a Houssay como profesor?-


-Sí, en fisiología. Cuando terminé la materia me tomaron como ayudante en la parte de química biológica y allí me quedé cuatro o cinco años, prácticamente hasta que me recibí.


- ¿ Cuándo se graduó comenzó a hacer especialidad en niños?-


-Recibido de médico en 1951, instalé consultorio en Av.La Plata 2071 e hice primero medicina general… Yo me acuerdo que llegaban a mi consulta las viejitas pensando que las iba a curar del reuma, porque era médico nuevo y creían que lo sabía todo. Allí estuve hasta 1956 en que se trasladé a aquí, Av. Caseros 4115. Los médicos de entonces eran el Dr. Storni, que era pediatra; el Dr. Ventura, que tenía consultorio en Av. Chiclana, El Dr. Amadeo Galli. Lo que uno recuerda desde el punto de vista profesional son las interconsultas que había entre los especialistas del barrio, cosa que ahora prácticamente ha desaparecido. Otra de las cosas que en esa época se acostumbraba al poner consultorio, era presentarse a los médicos ya instalados, porque teníamos una noción de ética muy importante. En aquellos tiempos se nos enseñaba mucho la ética profesional.


- ¿La consulta domiciliaria era más común que ahora?-


- Si… uno a veces las tenía hasta la madrugada.


- Cuando Ud. iba a realizarlas, entraba en el alma del barrio ¿Qué sentía?-


- Lo que uno recogía era el cariño y el respeto por el médico de familia. Uno sentía un calor humano muy grande: era acompañado hasta la puerta por dos o tres familiares que preguntaban cada cosa referente al paciente y, me llevaba grabada cada consulta que hacía.


- Era como un coordinador porque conocía a cada miembro de la familia.-


- Claro… además como éramos vecinos, conocía todos los demás aspectos.-


- ¿Durante cuánto tiempo atendió adultos?


- Durante dos años. Corté drásticamente mandando los pacientes a mi amigo el Dr. Cavallieri, porque para ese entonces ya estaba en la “Casa Cuna” como médico de la sala 5º… Sin embargo… yo atendí tres generaciones: a los abuelos, a los padres ahora a los hijos; pero los padres vienen a atenderse y, durante 38 años fui Jefe de Servicio en Brassovora, adonde también atendía adultos; es que otra de las cosas que hice fue el curso de medicina del trabajo. En 1961 inicié la carrera docente que terminen el 65, recibiéndome como docente autorizado de pediatría.-


- Ud. también ha estado en el Piñero.-


- Sí. Hasta 1980 fui Jefe de Sala en el Hospital Elizalde; entonces, pasé al Piñero como Jefe por concurso de la Unidad de Pediatría. Y sigo vinculado con él, porque a pesar de haberme jubilado soy docente honorario: una vez por semana concurro a dar clases y otra porque soy medico consultor de la sala de pediatría.


- Volviendo al tema del barrio ¿Qué diferencia ve entre este Boedo de hoy y el de cuando Ud. era chico?.-


- El Boedo de entonces… Cada cuadra era una familia. En casa teníamos teléfono y muchos vecinos que no lo tenían iban a usarlo; oportunamente nosotros usábamos sus casas. Yo recuerdo especialmente a la de Donato… Todo era distinto a lo de hoy. El cuanto a los personajes del barrio estaba el lechero que pasaba con el carrito o con las vacas para el ordeñe; el afilador; el arreador de pavos; el canastero con sus plumeros y canastos. En cada esquina y a mitad de cuadra existía una llave de luz y a la noche pasaba una persona que se encargaba de encenderla. Estaba el barrendero con su uniforme gris, su tacho, su cepillo, que barría el cordón de la vereda. Otra persona importante era el policía de la esquina, que durante toda la noche pasaba y revisaba las puertas para ver si estaban cerradas. Ah… algo importante, lo conocíamos también, porque a veces nos corría cuando jugábamos a la pelota en la calle.-


- ¿Dónde jugaban a la pelota?-


- En dos cortadas en las que yo después viví. Avalle y Álzaga, ambas eran de tierra. Yo vivía en Rondeau, primero en el 3553 y luego en el 3528. La primera casa, más tarde la habitó Susy Leiva a quien, cuando yo era un chico de unos 14 años, solía llevar de la mano, ella era muy chiquita. Por Rondeau dos o tres veces por día pasaba un ómnibus, que creo se llamaba “La Imperial” y, una linea regular “La metropol”; cada tanto cuando estábamos jugando, salían nuestros familiares avisando: "¡Ojo que puede venir la Metropol!” .



- ¿Qué otros recuerdos tiene?-


El lugar donde se reunía todo el mundo era la peluquería. Yo concurría a la de Rondeau y Maza… de esas esquinas recuerdo la verdulería y El quiosco, que era del hermano del peluquero. Estaba la iglesia San Bartolomé practicamente recién inaugurada y, a su lado la lechería de Venancio. En el vértice donde se cruzan Chiclana con Rondeau, se había instalado una calesita al lado de un almacén con despacho de bebidas. En la esquina sudeste de Chiclana y Boedo estaba la farmacia de Atilio Sago, haciendo cruz la Casa Murias, lindando desde siempre con un café. Donde está el Banco Mercantil(1) había una ferretería… Ese era el barrio de entonces.





- Ud. nunca se fue de Boedo. ¿Qué significó en su vida?- Significó y significa todo… Como yo viví nada más que de la medicina siguiendo el principio bíblico” si al altar te dedicas del altar debes vivir”, conseguí todo lo que tengo porque previno del ejercicio de mi profesión en Boedo. Además de todas las alegrías y las penas que puede tener un ser humano, Boedo me dio familia; mis padres vivieron siempre aquí; mi mujer, mis dos hijas, mis cinco nietos…








Al finalizar el reportaje, el Dr. Cassano nos dijo: “He hecho esta entrevista como un médico de barrio”.



Nosotros reflexionamos en silencio: MEDICO DE BARRIO, así con mayúsculas… Con casi 60 años de Boedo, 44 de profesión, Cassano encarna a aquellos médicos de la época de oro del barrio: Tidoni, Reibel, Barcia, Cruciani, Cantoni, quienes ostentaban la dignidad de la abnegación, del desinterés económico, de la filantropía.



Es reconfortante saber que no todo es pasado, y hombres de bien siguen con amor desde sus puestos.





(1) Caseros y Boedo, esquina nordeste





Nota: Cuando publicamos este artículo en mayo de 1995, tanto el diario como nosotros recibimos una cataráta de llamados de antiguos pacientes del Dr. Cassano, ya adultos. En un caso, se comunicó un médico, investigador en París. Todos agradeciendo la excelencia como profesional y persona de Israel Cassano y los maravillosos recuerdos que de él guardaban.
© Ana di Cesare y Gerónimo Rombolá


© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá.

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sábado, 17 de octubre de 2009

Cafés de Boedo 3ra Parte

Yo lo trepé a Boedo
viniendo del cruce con Chiclana
¡Y era muchacho!

Mi barrio de lonjeado cielo
Del bodegón humoso y la cantina gringa
De la murra y la canzoneta nostálgica
Labriega, acaso… “la violeta”
(Julián Centeya)

La pintura que Julián Centeya (1), el “hombre gris de Buenos Aires”, así lo llamaban, hace del barrio en su poema “Boedo”, es entrañable. Él era habitante y habitué de cafés como “La Puñalada”(2), que junto con Homero Manzi y los hinchas de Huracán lo contaba entre sus parroquianos.
En la esquina sudoeste de Boedo y Rondeau, con sus paredes pintadas de azul, este reducto que también se llamó Café de la Paz y Huracán, cuenta con anécdotas innumerables, como la de aquel día en que se suspendió el sorteo de la lotería, dándole a los presentes la excusa para fabricar una ruleta con el ventilador al que ponían en movimiento; al desenchufarlo ganaba el número que quedaba en la hora doce.
Su nombre, según se dice, de debió a un hecho de sangre por polleras (3).
En la actualidad ese local se llama “Gran Sur” y, se habla de un proyecto para rebautizarlo con el nombre de Julián Centeya.

Y si trepamos… “Boedo desde el cruce con Chiclana…” (Julián Centeya)

En la propuesta del poeta, sólo encontraremos algunos de aquellos viejos cafés remozados para esta época como por ejemplo: en la esquina de Inclán un moderno restaurante reemplaza a la antigua vinería “La Tacita”, donde el vino de Bordalesa era servido en tazas de loza blanca.

Al llegar a Boedo 857 faltará la famosa cervecería “Munich”, en ese lugar, desde un elevado palco las victroleras, con ojos soñadores y movimientos gentiles, daban cuerda a la victrola mientras cambiaban sonrisas con los hombres sentados estratégicamente en el salón.
Allí Azucena Maizani asombraba con su voz de tiple y sus ropas masculinas, audaces para la época.
En la esquina de San Ignacio ya no está “El Trianón”. En su lugar nació el café “Margot”, plasmado con magia parisina en el Buenos Aires al sur, ilusión que movilizó a nuestros poetas de antaño y nos sigue emocionando a los porteños de siempre.



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna
*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
Versión para Internet de los artículos publicados en octubre, noviembre y diciembre de 1993
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